Wednesday, August 3, 2011

Dibujar Cara A Lápiz Iluminando Las Formas de la Sombra.

A continuación te mostrare como dibujar una cara que solo refleja su sombra pero pueden ser muy llamativas. Este ejercicio es del libro Aprender a dibujar con el lado derecho del cerebro donde le mostraran como dibujar de forma que quedaras asombrado de tus logros inconscientes, Este increíble libro aunque ya no es tan nuevo aun sigue impresionando a todo el que decidir dejarse guiar por su autora y hacer loe ejercicios recomendados,

Este fue uno de los primeros libro que leí cuando comencé la búsqueda del artista que podía nacer de mi como de seguro podrá nacer en usted si decide que buscará las técnicas más eficaces para evitar años de estudio y error.

Intentémoslo. Trate de encontrar a alguien dispuesto a posar informalmente e instale una lámpara, de manera que un lado de la cara del modelo quede iluminado por una luz fuerte, con sombras oscuras y marcadas en el otro lado. Si no consigue encontrar un modelo, retrátese usted mismo frente a un espejo, o utilice una fotografía con un fuerte contraste de luz y sombra.

Para este ejercicio necesitará un pincel (un pincel para acuarela del n° 7, o un pincel japonés) y un frasco de tinta china negra.
Antes de empezar: Lea todas las instrucciones y asegúrese de que dispondrá de bastante tiempo sin interrupciones.
En las instrucciones tendré que decir el nombre de las formas, pero en el momento de dibujar debe usted tratar de no pensar en los rasgos en términos de nombres (nariz, labios, etc.).

1. El lado iluminado de la Cara será el blanco del papel. Va usted a pintar las formas de las sombras con tinta negra, utilizando sólo esos dos valores: blanco y negro, sin tonos medios. El propósito del ejercicio es hacer que vea las formas de las sombras.

2. Dirija la mirada a una sombra, por ejemplo a la sombra que cae a un lado de la nariz. Espere hasta que pueda verla como una forma. Cuando vea la forma claramente píntela con el pincel y tinta china (vea en la Figura un ejemplo para Dibujar una Cara).


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3. Dirija la vista a la siguiente forma (quizás la sombra bajo el labio superior). Píntela.
4. Fíjese en la siguiente sombra que quizás sea la del labio inferior. Observe las relaciones entre ésta y las que ya ha pintado. Pinte la sombra (Figura).
5. Pinte toda la mitad en sombras de la cara tal como la percibe (Figura).
6. Dirija la mirada a las pequeñas sombras del lado iluminado de la cara y espere hasta que pueda verlas como formas. Pinte estas formas, observando las relaciones de tamaño con las anteriores.
7. Pinte las sombras del lado iluminado tal como las ve, evitando las formas simbólicas: debe fijarse en la forma exacta de las sombras (Figura ).
8. Complete el dibujo a tinta. El espacio negativo detrás de la cabeza puede pintarse de negro o dejarse en blanco (Figura ).


Después de terminar: Quizás haya sentido una cierta sorpresa en el momento en que el dibujo empezó a aparecer como una cara. En ese momento el poder tridimensional del dibujo se hizo consciente. El proceso parece ser el siguiente: primero se pintan varias formas que no parecen significar nada y de repente se «capta» la imagen; es posible que uno exclame «¡da resultado!». Si no sucedió así en su dibujo, inténtelo otra vez.

Un buen modo de adquirir práctica en dibujar sombras es copiar alguna imagen como el autorretrato de Rembrandt (Figura). Si el hemisferio izquierdo aún se resiste vuelva el Rembrandt cabeza abajo y copéelo en esta orientación, con pincel y tinta china. Estos materiales son muy eficaces para aprender a percibir sombras; Como no se puede borrar, hay que mirar la sombra con suma atención antes de aplicar el pincel al papel.

Breve historia de la Autora:

El Libro aprender a dibujar con el lado derecho del cerebro es resultado de diez años de búsqueda de un nuevo método de enseñanza artística para personas de muy diversas edades y ocupaciones. Inicié esta búsqueda al no poder resolver una contradicción que a mí me parecía desconcertante: si dibujar era para mí algo tan sumamente fácil y agradable, ¿cómo era que la mayoría de mis alumnos encontraban tan difícil aprender a dibujar?

Desde muy joven, a los ocho o nueve años de edad, yo ya dibujaba bastante bien. Supongo que fui uno de esos niños que accidentalmente aciertan con una manera de ver que les permite dibujar con facilidad. Aún me recuerdo diciéndome a mí misma que para dibujar tal cosa tenía que hacer «eso». Nunca llegué a definir «eso», pero sabía que tenía que mirar lo que quería dibujar hasta que «eso» ocurría. Entonces ya podía dibujarlo, y lo hacía bastante bien para ser una niña.
Mi habilidad para el dibujo me valió muchos elogios.

Era corriente oír decir: «¿No es maravilloso que Betty sea tan artística? Bueno, lo cierto es que su abuela pintaba acuarelas y que su madre es bastante artística también. Debe ser un talento natural, un don especial.» Como a cualquier niño, me encantaba recibir elogios, y estuve en grave peligro de llegar a creérmelos. Pero en el fondo de mi mente algo no encajaba. Yo sabía que dibujar era muy fácil y que todo lo que uno tenía que hacer era mirar las cosas de «esa» cierta manera.
Años después, cuando empece a dar clases de dibujo, trate de comunicar a mis alumnos mi modo de pensar. No dio resultado, y con gran desconsuelo mío solo unos pocos de los treinta y tantos alumnos de la clase aprendieron a dibujar.

Entonces empece a mirar hacia dentro, observándome a mi misma mientras dibujaba, tratando de descubrir lo que estaba haciendo cuando experimentaba ese modo diferente de ver. También empece a interrogar a los estudiantes. Observe entonces que los pocos estudiantes que habían aprendido a dibujar no progresaron gradualmente, sino que mejoraron de golpe. Una semana antes seguían luchando con imágenes estereotipadas e infantiloides, y de repente, a la semana siguiente, ya podían dibujar bien.
Pregunte a los estudiantes: «¿Que haces ahora al dibujar que no hicieras hace una semana, cuando aun tenias problemas?» Casi siempre, los estudiantes respondían algo parecido a «no hago mas que mirar las cosas», pero por mucho que les interrogara aprecian incapaces de encontrar palabras que describieran específicamente en que había consistido el cambio.

Descubrí entonces una nueva pista. En mis clases siempre hacia muchos dibujos de demostración, tratando con ellos de explicar a mis alumnos lo que estaba haciendo: en que me estaba fijando, por que dibujaba las cosas de cierta manera. Sin embargo, en muchas ocasiones dejaba de hablar en mitad de una frase, y me quedaba callada, tratando de recordar el resto. Encontrar las palabras parecía una tarea terrible, y cuando por fin lograba volver a hablar descubría que había perdido contacto con el dibujo. Así conseguí un nuevo dato: podía hablar o podía dibujar, pero no hacer las dos cosas a la vez.
Fueron apareciendo nuevas pistas, la mayoría de ellas por pura casualidad. Un día en que los estudiantes tenían graves dificultades con el dibujo de figuras repartí por la clase una reproducción de un famoso dibujo y pedí a los alumnos que copiaran la imagen cabeza abajo, cosa que hicieron después de dar la vuelta a las reproducciones. Ante nuestra gran sorpresa (mía y de ellos), los dibujos resultaron ser excelentes.

 No sé hasta qué punto los futuros estudios científicos confirmarán esta estricta lateralización o separación de las funciones cerebrales, pero los dos modos de cognición que yo he llamado «izquierdo» y «derecho» —y los principios relacionados, expuestos en este libro— han demostrado su validez empírica con estudiantes de todos los niveles, y los resultados son innegables, tanto si los mecanismos cerebrales están de verdad estrictamente lateralizados como si no. En su presente forma, el modelo me ha proporcionado un método de enseñanza que resuelve el problema que me preocupaba en un principio: cómo conseguir que todos los alumnos de una clase, y no sólo unos pocos, aprendan a dibujar.

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